|
ADORADA

Amada, ya es otoño,
el invierno se acerca,
y que tristeza
inmensa saberte lejos
y que mi vida no
te tiene.
Mas no soy para
ti,
Me has dicho.
Comprendo.
Pero tu
ignoras cuanto la cercanía de tu cuerpo
me hace vivir o
su distancia me aleja de mi mismo.
Pues nací para
llevarte en mi corazón con la pasión
de esta
embriaguez loca, y mi corazón se embelesa
y se enajena, y
aquí en mi pecho vibra moribundo
llorando de dolor
y pena.
Y si amargo es mi
verso que en este papel imploro
no conozco dolor
mas merecedor de vituperio
que el dolor que
me envilece.
¡Dime qué fuego
es éste que tu enciendes en mi
con un reguero de
sol desde mi nuca a mis rodillas!
Todo mi sufrir es
por tu mágico conjuro.
Dejame que te
diga apasionado mi amor por ti,
de este amor que
quema y desvela, de este sentir
que vive en mi
alma y mi corazón llena.
!Oh amada mía!
tan adherida a mi como mi carne,
tan enraizada en
mi como mis huesos.
Por los aires
sombríos va mi dolor
descendiendo
hacia ti,
y con lágrimas
en mis ojos vuela mi nostalgia
confuso en
amarguras, respirando sabor
de los sepulcros
y derramando todo esos
sueños sobre la
soledad de mi desnudo.
¡Cómo olvidarte!
Si eras en la
penumbra como claridad.
Eras mi sueño,
mi anhelo, mi ilusión,
eras el color que
pintaba túneles de mi imaginación,
eras esa luz
radiante que brillaba
más fuerte que el
mismo sol.
Pero yo solo sé
, amor,
que tu ausencia
esta en mi sangre,
en mi vida,
y que todo mi ser
esta inundado de ti,
y bajo mi piel
quedaras por siempre sepultada
con ese recuerdo
de llamarte,
por siempre,
amada.
|