ADORADA

 



Amada, ya es otoño, el invierno se acerca,
y que tristeza inmensa saberte lejos
y que mi vida no te tiene.
Mas no soy para ti,
Me has dicho.
Comprendo.
 Pero tu ignoras cuanto la cercanía de tu cuerpo
me hace vivir o su distancia me aleja de mi mismo.
Pues nací para llevarte en mi corazón con la pasión
de esta embriaguez loca, y mi corazón se embelesa
y se enajena, y aquí en mi pecho vibra moribundo
llorando de dolor y pena.
Y si amargo es mi verso que en este papel imploro
no conozco dolor mas merecedor de vituperio
que el dolor que me envilece.
¡Dime qué fuego es éste que tu enciendes en mi
con un reguero de sol desde mi nuca a mis rodillas!
Todo mi sufrir es por tu mágico conjuro.
Dejame que te diga apasionado mi amor por ti,
de este amor que quema y desvela, de este sentir
que vive en mi alma y mi corazón llena.
!Oh amada mía! tan adherida a mi como mi carne,
tan enraizada en mi como mis huesos.
Por los aires sombríos va mi dolor
descendiendo hacia ti,
y con lágrimas en mis ojos vuela mi nostalgia
confuso en amarguras, respirando sabor
de los sepulcros y derramando todo esos
sueños sobre la soledad de mi desnudo.
¡Cómo olvidarte!
Si eras en la penumbra como claridad.
Eras mi sueño, mi anhelo, mi ilusión,
eras el color que pintaba túneles de mi imaginación,
eras esa luz radiante que brillaba
más fuerte que el mismo sol.
Pero yo solo sé , amor,
que tu ausencia esta en mi sangre,
en mi vida,
y que todo mi ser esta inundado de ti,
y bajo mi piel quedaras por siempre sepultada
con ese recuerdo de llamarte,
por siempre, amada.
 
 
Emilio Montemayor
©2006

 

 
 
            

 

 

Entrada  -  Biografía  -  Mi Portal Portal Amigos   -  Agradecimientos
Contactarme   -   Leer Libro visitantes    -   Firmar libro visitantes