El
alma errante, vibra sin fortuna
evocando
los tiempos ya vividos,
en
el viento le llegan los chasquidos
de
los besos con fuego en la laguna.
El
amor escapado hacia la luna,
los
intentos de ser, siempre fallidos,
se
me apaga la luz sin sus latidos,
vil
la daga matando inoportuna.
Si
atrapara al corcel de paso audaz,
volara otra
vez al sol poniente,
sin
cordura, mentiras, ni antifaz..
Con
piel nueva, sería la serpiente,
ofreciendo
la fruta, en eficaz,
actual versión,
locura sorprendente.
Gisela
Cueto