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EL ALMA DE UNA MUJER
No, no soy ese hombre... El que se extasió con el palpitar de su juventud de claveles blancos. El que vivió bajo su sombra telúrica. El que aspiró el perfume de la lluvia del bosque y las tres gracias. Ese, que con sus labios, desabrochaba sus mañanas de trébol y ternezas.
No, no soy ese hombre que pretendió amarla
con tanta pasión
para hacer de ella la reina de su mundo. El que soñaba con sus besos de miel topacio deseados sólo para él, para brindar cada día, cada una de sus noches, cada segundo,la esencia de su ser. No me preguntes mas , que no soy ese hombre! El que de sus rizos azabache bordaba sueños plateados y sobre su cintura, como almohada de hadas, se dormía. El que su felicidad coronaba cada día de azules zafiros y en su regazo ponía a jugar sus caricias de enamorado. No, no soy ese hombre! El murió bajo su piel tostada conformándose con el recuerdo de la textura tenue de su voz sirena. Allá, naufragó en las olas de su redención, Ella, sus manos mariposas guiándolo a la cima
O haberla amado con tanta pasión!
para hacer de ella la reina de mi mundo. con vista a la eternidad sublime. El, cazador de sus ilusas luciérnagas cada uno su suspirar. Cada uno la estela de su mirar, cada uno la flecha atinada al corazón. Cada uno la precipitada muerte! No! No soy ese hombre! Soy un pobre diablo que con copas de licor quiere extirpar el deseo insaciable de poseer lo que nunca se puede poseer... jamás! El alma de una mujer!
Ana María Amaral de Romero
copyright 2004
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