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Las Tres
Santas
(1)
Caderas de mango y membrillo.
Su falda dócil mandadera de sus piernas
el sol refleja obsidiana en sus pestañas
y sus ojos coquetos disimulan su soledad.
En la plaza hombres con sombrero la saludan.
Su sonrisa rozagante vuela libre por el aire cual flecha dorada
y como una santa se esconde en los pasillos del pecado.
(2)
Pelona le dicen y qué importa lo que digan?
La franqueza es su modo y con un jarrito de tequila el coraje se le quita.
Su padre fue, de la perfección, un buen ejemplo
es él la causa de sus dudas y de su maldito tormento.
Doblega los hombres vanidosos con su razón y buena puntería.
De vez en cuando se le pone enfrente un Don Jesús
pero ella se persigna y para estar segura, hace de nuevo la señal de la cruz.
Su orgullo no le permite que la traten como a las yeguas
que con látigos y gritos que por cualquiera se doblegan.
Es una santa con sombrero y espuelas de plata
que cuando monta su potro ni el polvo a los diablos les deja!
(3)
No acierta en cual bosque escucha los cuervos cantar.
Ella se a perdido.
Las pesadillas la persiguen.
Por las noches se embriaga con copas de vino tinto.
Ya no cree en nadie y menos a los viejos ladinos.
Los zopilotes negros hacen de su mente un nido de mentiras
ellos le dan de tragar una por una y se las pasa con sal y un pedazo de lima.
En la noche cuando la luna esta llena
se le escucha llorar cerca del río
el viento nocturno acaricia su rostro
con sus manos de soledad y también de frío
Es una santa que quiere morir, pero le falta la soga y el... ladrillo.

Ana María Amaral de Romero
copyright X/2005
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