MUJER DORMIDA

Eres,
paciente magdalena, en su reposo,
en cuna de tréboles y madreselvas.
En sueños de clorofilas sumergidas,
floreas su mentol,
en secreta melancolía.
En su límpido y pulcro sendero,
tus caderas echan raíces,
de helechos es tu cintura
y tu matriz, incipiente brote terrenal,
en tierra, prístina y virginal.
Verdor de fotosíntesis, tu figura,
de musgo fecundo, tus párpados caídos.
Mujer,
no despiertes ahora,
de tu breve inmortalidad de mariposa,
aun cuando en los ríos,
tus duendes juegan y te desvelan
y las hadas,
en el brillo esmeralda de las resolanas,
te sobrevuelan y husmean.
No, no despiertes
reina silvestre,
que nadie tu cabellera estropee,
ni que a tus labios de verbena y anís,
la margarita amárela no inquiete.
Duerme siempre
en la tierra bendita del Edén,
Mujer Dormida,
en tu eterno Apocalipsis,
cada amanecer,
te encontrará reverdecida.


Ana María Amaral de Romero
copyright 5-2006

Gracias a la ayuda de una persona muy especial y talentosa
logre hacer de mi poesía algo que espero agrade a todos ustedes.

            

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